es como la hora mágica, no dura una hora apenas unos minutos y hay que estar muy vivo para poder disfrutar de ello. El esplendor del otoño apenas dura un par de semanas y la estación es de tres meses. Y con las obligaciones que tengo poco tiempo me queda para buscar las otoñadas que me apetecerían. Así que un día, hace unos quince, que me escapé al campo me di una vuelta por el abedular de Canencia, donde como dice un amigo crecen fotógrafos por las cascadas del arroyo más que setas. Es un sitio cientos de miles veces fotografiado.