que el piloto de este avión se pone en huelga y de paso pone en huelga de hambre a sus pollos. Todo comenzó en la escuela de pilotos cuando era un pollo. Le comieron el coco y en vez de afiliarse a un sindicato de clase se afilió a un sindicato de privilegiados. Sus reclamaciones causaban al principio comprensión, después estupor y más tarde indignación. En la última reunión con la patronal del tejado dejaron clara su postura: "No habrá más vuelos hasta que los aleros de los tejados sean de color rosa".


Escribe un comentario