No hay casi nada igual. Es uno de los olores del bosque que en otoño atrapa a quien se agacha a recoger los frutos de los nogales. Las manos impregnadas de la persistente tintura que desprende las cáscaras de la nuez no dejarán ese aroma hasta pasado un tiempo. Así nos llevamos puesto un aroma como no hay otro. Dulce y abigarrado, intenso y placentero, el olor a nueces recien cogidas acompaña estos dias mi cocina, y cada vez que abro la bolsa abro un trocito de bosque que se cuela en mi casa.
La intensidad de los aromas otoñales es otra de las causas para reencontrarte estos dias en el bosque. Olores a tierra mojada, a níscalos, a lluvia golpeando las hojas caidas, a renacidas corriente en los arroyos, a nueces recien cogidas...