Cede terreno a más y más urbanizaciones por doquier, aquí y en cualquier punto cercano a una gran capital. Y a la par el poco campo que queda está casi abandonado, no hay casi pastores y los carboneros hace tiempo que no recolectan quejigos.
Es cuasi paradójico. Reducimos los espacios naturales a aquellas zonas donde se prohibe expresamente la construcción aunque esto tampoco es garantía de conservacción, ya que este termino, manido en boca de políticos, es algo mucho más vivo que simplemente dejar una zona libre de adosados o pareados. El abandono del campo hacia un modelo insostenible son los derroteros que llevamos desde hace años. Las miles de viviendas adosadas a cincuenta kilómetros del puesto de trabajo diario necesitan unas infraestructuras que cercenan espacios creando barreras insalvables.......Mal modelo.